El topónimo de Castil parece proceder del sustantivo latino “castrum” y que por la forma mozárabe “castriel” vendría a significar fortaleza o pequeña ciudad fortificada. Castros llamaban los repobladores de los siglos IX-X a los restos fortificados. El anexo localizador “de Vela” se refiere a un antropónimo o nombre de persona. A Castro se refiere igualmente Castrejón, Castriello, los Castrillos (de la Olma, don Juan, de Onielo, de Villavega, o también Castromocho, etc.). Sería por tanto “el lugar del pequeño otero cercano al casco urbano de la localidad”.

Juan de Vega fue señor de Castil de Vela y de Valverde de Campos, según nos recuerda la Silva palentina del Arcediano del Alcor.

Cerca de Castil hubo un pueblo denominado Villalivierno que ya se documentaba en el siglo XII como “Villa Liberno”, acaso repoblado por el vasco Livierno. Pero esta villa se despoblaría en el siglo XV.

Precisamente en este paraje se levanta la ermita del Cristo de Villalinvierno que fue por muchos años muy querida y venerada en esta comarca de Campos.

La iglesia parroquial de Castil de Vela advoca a San Miguel Arcángel que se construyó en el último tercio del siglo XVII, obra que dirigió Juan de Escobedo, levantada en ladrillo y tapial, de una sola nave; sus arcos son de medio punto y sus bóvedas de arista, salvo en el crucero que se cubre con cúpula.

El lado del Evangelio conserva tres retablos: uno del siglo XVI con unas esculturas de Santa Ana, la Virgen y el Niño, de finales de ese siglo. Otro retablo está dedicado a Nuestra Señora del Rosario, de mediados del siglo XVIII, y dispone de buenas esculturas dedicadas a San Antonio de Padua y Santa Bárbara, del riojano Francisco Sierra; dispone de otra escultura de San Pedro de fines del siglo XVI; el tercer retablo es barroco del siglo XVIII.

El retablo mayor del Presbiterio fue construido entre 1749-50 por los escultores riojanos Manuel de Benavente y Gabriel Pérez y destaca en él una interesante escultura de San Miguel de Pedro de Ávila.

En el lado de la Epístola se levantan tres retablos: dos barrocos del siglo XVIII, uno con una buena escultura del Calvario del siglo XVI y otra de la Inmaculada; el otro retablo cuenta con otro Calvario del siglo XVI, y una buena pintura en tabla sobre los Azotes al Señor, del último tercio del siglo XVI.

El tercer retablo de este lado es del siglo XVI con una escultura de San Roque de esa fecha y otra de San Antón, ésta del siglo XVIII.